Croquetas y 'mariados'
A mediodía fui a comprar croquetas para Izka.
Como cualquier ida al súper –cuando menos las mías– siempre sales con algo más… y hambre. Había que volver a la oficina temprano, así que apuré lo más posible la compra en un supermercado repleto de familias con niños, madres con regalos navideños, carritos de motor, estorbosísimos.
A la salida, el centro comercial de letras rojas y una estrella en su eslogan, me ofreció lasaña y strudel de manzana.
Sentada en una banca roja con mesa blanca, comencé a devorar la comida, hasta que llegó esa mujer.
Sudadera verde, igual que sus ojos, enmarcados en las arrugas de su cara y las canas de su cabello; llevaba cubrebocas. Tenía gripa, me enteré más tarde.
"¿Al mandado sola?", me dijo, antes de preguntar si podíamos compartir mesa. Se sentó.
"Sí, hoy trabajo y aproveché; ahorita como rápido y vuelvo a la oficina", contesté.
"¿Es usted señora?", cuestionó.
"Sí", respondí.
"Y el señor, ¿qué está haciendo que no la acompaña?", inquirió.
Pasó por mi mente no responderle, pero era una adulta mayor; accedí. Lo más es que una extraña piense que soy demasiado libertina y ya. Una más.
"Soy señora, pero no estoy casada. Tengo un hijo", respondí con una sonrisa, tras explicarle que comía una lasaña (a la que le faltaba sal).
"Estás sola porque no quieres casarte. Yo tengo una sobrina nieta bien guapa, altota, que le daba por el modelaje, pero sus papás no la dejaron. Ella se fue a la Ciudad de México a modelar; se casó con un fotógrafo de esos que siempre están con las modelos, pero le salió canijo, no le daba para el gasto.
"Ella se enamoró de otro acá y tuvo un hijo, como no pudo cargárselo al fotógrafo, se divorciaron, pero el papá de sus hijos -eran gemelos, niña y niño- no se hizo responsable. Yo le dije: 'hija, búscate un novio por Internet, porque esos de Guadalajara andan como abejitas, de flor en flor'. Y se lo buscó…", relató la mujer de cara arrugada.
(Si supiera, señora...)
La sobrina nieta está casada y vive en otro País, con todo y sus hijos. También una nietecita suya. La joven, ya casada y con una bebé de 9 meses, se enteró de que su marido estaba enamorado de otra; acto seguido, la abuela –mi interlocutora– hizo de enlace con el tío abogado y se divorciaron.
La joven madre buscó un hombre con todas las características necesarias en Internet y hoy vive en Francia; la bisnieta también, ya tiene 10 años.
"Búscale en Internet y te hallas un buen partido, mi'ja. Porque somos como las naranjas, estamos a la mitad", consideró.
En ese momento vibró mi celular; Juan Miguel, el chofer de Uber, llegó. ¡Nunca antes nadie me había salvado!
No supe su nombre; es más, ni la mano me dio al despedirme. Estaba enferma, dijo.
Hoy fui a comprar croquetas para Izka; la próxima vez, también las busco en la web.
Como cualquier ida al súper –cuando menos las mías– siempre sales con algo más… y hambre. Había que volver a la oficina temprano, así que apuré lo más posible la compra en un supermercado repleto de familias con niños, madres con regalos navideños, carritos de motor, estorbosísimos.
A la salida, el centro comercial de letras rojas y una estrella en su eslogan, me ofreció lasaña y strudel de manzana.
Sentada en una banca roja con mesa blanca, comencé a devorar la comida, hasta que llegó esa mujer.
Sudadera verde, igual que sus ojos, enmarcados en las arrugas de su cara y las canas de su cabello; llevaba cubrebocas. Tenía gripa, me enteré más tarde.
"¿Al mandado sola?", me dijo, antes de preguntar si podíamos compartir mesa. Se sentó.
"Sí, hoy trabajo y aproveché; ahorita como rápido y vuelvo a la oficina", contesté.
"¿Es usted señora?", cuestionó.
"Sí", respondí.
"Y el señor, ¿qué está haciendo que no la acompaña?", inquirió.
Pasó por mi mente no responderle, pero era una adulta mayor; accedí. Lo más es que una extraña piense que soy demasiado libertina y ya. Una más.
"Soy señora, pero no estoy casada. Tengo un hijo", respondí con una sonrisa, tras explicarle que comía una lasaña (a la que le faltaba sal).
"Estás sola porque no quieres casarte. Yo tengo una sobrina nieta bien guapa, altota, que le daba por el modelaje, pero sus papás no la dejaron. Ella se fue a la Ciudad de México a modelar; se casó con un fotógrafo de esos que siempre están con las modelos, pero le salió canijo, no le daba para el gasto.
"Ella se enamoró de otro acá y tuvo un hijo, como no pudo cargárselo al fotógrafo, se divorciaron, pero el papá de sus hijos -eran gemelos, niña y niño- no se hizo responsable. Yo le dije: 'hija, búscate un novio por Internet, porque esos de Guadalajara andan como abejitas, de flor en flor'. Y se lo buscó…", relató la mujer de cara arrugada.
(Si supiera, señora...)
La sobrina nieta está casada y vive en otro País, con todo y sus hijos. También una nietecita suya. La joven, ya casada y con una bebé de 9 meses, se enteró de que su marido estaba enamorado de otra; acto seguido, la abuela –mi interlocutora– hizo de enlace con el tío abogado y se divorciaron.
La joven madre buscó un hombre con todas las características necesarias en Internet y hoy vive en Francia; la bisnieta también, ya tiene 10 años.
"Búscale en Internet y te hallas un buen partido, mi'ja. Porque somos como las naranjas, estamos a la mitad", consideró.
En ese momento vibró mi celular; Juan Miguel, el chofer de Uber, llegó. ¡Nunca antes nadie me había salvado!
No supe su nombre; es más, ni la mano me dio al despedirme. Estaba enferma, dijo.
Hoy fui a comprar croquetas para Izka; la próxima vez, también las busco en la web.
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