Papeles, papelitos, papelones

Eran cientos, partidos por mitad, por cuartos, rotos.  Cuentas saldadas, informes revisados, trabajos escolares. Todo lo que una mujer de veintitantos puede almacenar en su clóset. El clóset al que sólo ve de reojo cuando se arregla por las mañanas.
Decidió tirarlos. Todos juntos dentro de una bolsa. Incluido el poema. Las dos hojas escritas por él para desearle un 'feliz aniversario'.
Hablaban de lo lindo que le parecía su mirada, de lo contagioso que le resultaba su sonrisa, de los nervios, del abrazo en la trastienda después del 'sí, me late'. De la frase poco común de una estudiante universitaria para iniciar un pasado efímero.
Pensó en conservarlo en una nueva caja de recuerdos, colocarlo en las repisas de madera. Leerlo de vez en cuando.
Recordó que las miradas cambian, y la suya ya lo hizo, que no es la misma de la carta o la trastienda.
Lo rompió en pedacitos. Papelitos que metió en la bolsa que depositó en la basura.
Papeles, papelitos, papelones. Todos inservibles. Necesito espacio.

Comentarios

Anónimo dijo…
me recuerdas que tengo que limpiar mi menta y el espacio que comprato con los que me rodean...

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