'Los Malitos'

"Súbase y pásese al otro asiento", le dice a punta de pistola un hombre a Elena.
Como puede, temblando, le ofrece las llaves del coche; prefiere que se lo lleve a que le pase algo. Se lo dice, él no acepta.
Si tan sólo había ido al súper, como cualquier otra madre al inicio del ciclo escolar, la noche del lunes. El problema fue ir sola, en una Ciudad donde 'Los Malitos' reinan.
La lleva a dar vueltas por allí y la deja en un terreno baldío cerca de donde vive. Él se lleva el auto. Como puede, Elena llama a su casa y llega a ella en una pieza. En esta Ciudad hay gente que nunca vuelve.
¿Por qué a ella, en un lugar con 3.7 millones de habitantes? Simple. Los denunció.
Días antes le habían chocado, sumiendo su defensa. El auto chocón se fue sin inmutarse. Lo alcanzó en un semáforo.
"Oye, le pegaste a mi carro, ¿no vas a llamar a tu seguro?", le pregunta.
"No", le responden desde un auto negro, con vidrios polarizados.
Un agente de tránsito más adelante. Elena denuncia. El oficial advierte: lo perseguirán, pero parece que es de 'Los Malitos'. Entonces no hay garantía.
El oficial lo alcanza, lo detiene en otro semáforo mientras dura la luz roja que rápido cambia a verde. El 'Malito' se escapa.
Algunos piensan que el robo de su coche, el lunes, es para que Elena aprenda a no denunciar, a quedarse callada. A soportar, además del calor, la impunidad que gozan "Los Malitos".
Pero, ¿quiénes son "Los Malitos" y por qué infunden tanto miedo? Son jóvenes, algunos no tanto. Jóvenes que se suben a los autobuses e impiden que lleguen a su destino. Los secuestran.
Bloquean con ellos las calles, obstaculizan la llegada de refuerzos mientras otros asaltan, asesinan o descuartizan a otros jóvenes, como ellos. Llevan como grupo el nombre de la última letra del abecedario, en plural.
Son jóvenes que ponen granadas, que ejecutan a sus pares. ¿Y en medio? En medio los otros a los que les secuestran el celular durante el viaje en el urbano, a quienes les infunden miedo de la vida.
En medio, las chicas que deben esperar en sus autos 40 minutos, paradas en el tráfico de la avenida, bloqueada por los camiones.
En medio una Ciudad, otrora brillante, de la que corren hoy los estudiantes, empresarios y hasta los hijos de diplomáticos.
Y 'Los Malitos' allí. Sin más preocupación que ganar terreno. La gente ya hasta los llama con cariño, no vayan a enojarse y ¡santo Dios! ¿Quién les salva?
Dicen que no los atacaron cuando era tiempo, que los dejaron crecer.
Pero también dejaron crecer el analfabetismo, la falta de oportunidades de trabajo, la ausencia de un estado de derecho.
Y hoy, los que mandan, se escandalizan de sus antecesores. Y hoy se vive con cierto grado de miedo.
Los Malitos son una nueva plaga. Una que no se quita con insecticida ni con más muertos ni más elementos del Ejército patrullando la Ciudad. Una que se ataca desde sus cuentas bancarias, desde sus insumos fundamentales.
Una plaga que necesita pantalones de los que mandan y cuidado serio para quienes conviven con ella.

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