Conversaciones
"¿Sólo has trabajado local, aquí en Guadalajara?", pronunció frunciendo el entrecejo una mujer con entallados pantalones blancos y blusa roja.
"¡Sí!", respondí sintiéndome como perdida.
"Pensé que llegarían más lejos. Tú y tus compañeros. ¿Has visto a alguno?"
La mujer era una antigua ex maestra de Historia, que había pasado dos cuatrimestres dándome clases en un salón del Centro Histórico, enfundada en entalladas minifaldas que ponían a babear a mis compañeros. A mí, la verdad, me interesaba escribir y ser corresponsal de guerra.
Actualización rápida. ¿Cuánto tiempo llevas en tu trabajo? ¿Te quedaste ahí o hiciste una maestría? ¿Vives en Guadalajara todavía? Yo pensé que todos estarían mínimo en Televisa. Frases pronunciadas entre respuestas que el camión se empeñaba en diluir.
No, estoy en trámites. No, no he visto a nadie. Tres años...
Para ella no era suficientemente exitoso. ¿Hiciste algún diplomado? ... Terminó la conversación dándome su número de celular y una dirección electrónica.
"Para que me hables... '¿Maestra?'", dijo, haciendo señas como si su celular sonara en el momento.
Y me quedé pensativa. Lo mismo que después de ser testigo como alguien hacía sentir chiquito a un señor que ha puesto su corazón, esfuerzo y tiempo en una noblísima obra, por tener un sueldo pequeño.
Pensé que la vida vale más que un sueldo, que se mide en función de las cosas que logras cambiar, de los esfuerzos diarios.
De que te cueste pararte a las 06:00 horas para llegar a tiempo, de que no te pese desvelarte por una historia, por una persona, por hacer lo que consideras correcto. Que no importa si eres barrendero, policía o reportero... que aplica igual para todos.
Y de aprovechar las oportunidades, que si dejas ir jamás vuelven. Y de ser agradecid@ con la vida, el destino, Dios, Buda, o como le llames, porque haces lo que te gusta. Todos los días.
"¡Sí!", respondí sintiéndome como perdida.
"Pensé que llegarían más lejos. Tú y tus compañeros. ¿Has visto a alguno?"
La mujer era una antigua ex maestra de Historia, que había pasado dos cuatrimestres dándome clases en un salón del Centro Histórico, enfundada en entalladas minifaldas que ponían a babear a mis compañeros. A mí, la verdad, me interesaba escribir y ser corresponsal de guerra.
Actualización rápida. ¿Cuánto tiempo llevas en tu trabajo? ¿Te quedaste ahí o hiciste una maestría? ¿Vives en Guadalajara todavía? Yo pensé que todos estarían mínimo en Televisa. Frases pronunciadas entre respuestas que el camión se empeñaba en diluir.
No, estoy en trámites. No, no he visto a nadie. Tres años...
Para ella no era suficientemente exitoso. ¿Hiciste algún diplomado? ... Terminó la conversación dándome su número de celular y una dirección electrónica.
"Para que me hables... '¿Maestra?'", dijo, haciendo señas como si su celular sonara en el momento.
Y me quedé pensativa. Lo mismo que después de ser testigo como alguien hacía sentir chiquito a un señor que ha puesto su corazón, esfuerzo y tiempo en una noblísima obra, por tener un sueldo pequeño.
Pensé que la vida vale más que un sueldo, que se mide en función de las cosas que logras cambiar, de los esfuerzos diarios.
De que te cueste pararte a las 06:00 horas para llegar a tiempo, de que no te pese desvelarte por una historia, por una persona, por hacer lo que consideras correcto. Que no importa si eres barrendero, policía o reportero... que aplica igual para todos.
Y de aprovechar las oportunidades, que si dejas ir jamás vuelven. Y de ser agradecid@ con la vida, el destino, Dios, Buda, o como le llames, porque haces lo que te gusta. Todos los días.
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