Hace tiempo que no como chocolate
Desperté y te vi ahí, justo al lado mío.
Enorme, con tu cabello brillante un poco alborotado y los ojos cerrados, como si no quisieras irte nunca. Me emocioné.
La cama de al lado, tapizada de cuentas por pagar, ropa limpia, cuadros y fotos que no atino a colgar, se convirtió en mi primera víctima. La dejé impecable.
"No se irá", pensé. "Está aquí para quedarse".
De pronto abriste los ojos y te pusiste en pie. Me abrazaste como sólo tú sabes hacerlo y no pude retener siquiera un suspiro, lloré como loca y besé toda tu cara.
"¿Cómo estás?", dije. "Bien, ¿y tú?", respondiste. "Extrañándote".
"Hace tiempo que no como chocolate...", recordaste.
Nos sentamos a hablar a la orilla de mi cama, con las piernas colgando a unos centímetros del piso. Relataste las últimas vacaciones, en alguna playa, y el montón de historias que conociste en el camino.
Como pocas veces me quedé callada, escuchando la melodía de tu voz. Hace tanto que esperé este momento, este espacio. Estaba contenta.
De pronto, fuerte como nunca, una canción de rock resonó en nuestros oídos. Asustada, cerré los ojos y coloqué mi mano izquierda sobre tu derecha, para estirar la otra hasta apagar el aparato reproductor.
El momento me pareció eterno.
Volví a abrirlos y encontré mi mano sobre el cojín naranja. Abrí los ojos y ya no estabas ahí. Lloré desconsolada.
Te llamé bajito, para que nadie se enterara, pero no obtuve respuesta. Te esfumaste con mi sueño.
El día empezó como cualquier otro. Con el miedo de salir a la calle, con temor a preguntar mal.
Al final, como todos los días desde hace casi dos años, salí y los vencí, por ti.
Hoy hice todo, sólo me quedé con el antojo de una barra de chocolate amargo, para comerlo a tu salud, mi niña hermosa.
Enorme, con tu cabello brillante un poco alborotado y los ojos cerrados, como si no quisieras irte nunca. Me emocioné.
La cama de al lado, tapizada de cuentas por pagar, ropa limpia, cuadros y fotos que no atino a colgar, se convirtió en mi primera víctima. La dejé impecable.
"No se irá", pensé. "Está aquí para quedarse".
De pronto abriste los ojos y te pusiste en pie. Me abrazaste como sólo tú sabes hacerlo y no pude retener siquiera un suspiro, lloré como loca y besé toda tu cara.
"¿Cómo estás?", dije. "Bien, ¿y tú?", respondiste. "Extrañándote".
"Hace tiempo que no como chocolate...", recordaste.
Nos sentamos a hablar a la orilla de mi cama, con las piernas colgando a unos centímetros del piso. Relataste las últimas vacaciones, en alguna playa, y el montón de historias que conociste en el camino.
Como pocas veces me quedé callada, escuchando la melodía de tu voz. Hace tanto que esperé este momento, este espacio. Estaba contenta.
De pronto, fuerte como nunca, una canción de rock resonó en nuestros oídos. Asustada, cerré los ojos y coloqué mi mano izquierda sobre tu derecha, para estirar la otra hasta apagar el aparato reproductor.
El momento me pareció eterno.
Volví a abrirlos y encontré mi mano sobre el cojín naranja. Abrí los ojos y ya no estabas ahí. Lloré desconsolada.
Te llamé bajito, para que nadie se enterara, pero no obtuve respuesta. Te esfumaste con mi sueño.
El día empezó como cualquier otro. Con el miedo de salir a la calle, con temor a preguntar mal.
Al final, como todos los días desde hace casi dos años, salí y los vencí, por ti.
Hoy hice todo, sólo me quedé con el antojo de una barra de chocolate amargo, para comerlo a tu salud, mi niña hermosa.
Comentarios
un chocolate hace recordar el dolor, su partida y las canciones que acompañaron ese tiempo, ahora dificl de escucharlas; quisiera recordarla sin tener que llorar, sin tener que sentir mi humanidad partida, quisiera que pasara sin tener que gritar de dolor, sin tener que recordar que su partida y la locura van de la mano. era yo quien iba a morir, era yo quien deseaba morir y se fue ella, frenando mis impulsos y mis deseos de presipitarme a la muerte, era yo quien debia morir, pero fue ella quien partió en mi lugar. un chocolate es la frontera entre el dolor, el llanto o recordar sin lagrimas y una sonrisa.
un chocolate ya no es solo un chocolate.
Ahora sí no sé quién eres, y tu descripción de las memorias de un chocolate suenan parecidas a las que quedan en mi cabeza.
Yo extraño en ocasiones a mi hermana que se alejó de repente. Pero pruebo un chocolate y lo que viene a mi cabeza es esa idea con la que me levanto en las mañanas: hoy haré esto para tí, por tí, para verte algún día.
Un chocholate es, entonces, la esperanza de que en algún momento volveré a abrazarla, como en ese sueño.
Por eso me gusta el chocolate. Luego te cuento del café.
Anónimo, cuídate. Nada es más hermoso que un día, por más nublado, soleado o bochornoso que esté.
Te mando un beso, aunque no sepa tu nombre.
y la historia esta rodeada de dolor y una locura que hasta ahora parece interminable.....
no tedire quien soy porque me acabo de dar cuenta que no me ocnoces.....
el mismo anonimo
Me gusta que escribas pero no que te cobijes en el cómodo disfraz de un extraño que finge no conocerme.
Eres el único que escribe y, gracias, sólo tú me lees, creo. Así que supongo no hay problema. Puedes firmar tus mensajes.
Sigo con antojo de chocolate.
Cuídate.