Anécdota de mitad de año

Increíble pero cierto, una gota de sangre pudo derribar los 56.5 kilos de esta reportera despistada, aspirante a corresponsal de guerra.

Estaba ahí parada, tratando de animar a P... durante una curación de su recién creada "herida quirúrgica", tomándolo de la mano.

"No te preocupes, P..., todo va a estar bien. Los doctores van a terminar pronto y mañana sales del hospital", le dije mientras sostenía su mano izquierda en mi derecha.

En eso, un pequeño chorro de sangre, que parecía más una de las cascadas del Niágara, brotó de su blanco abdomen justo directo hacia mi.

La reacción fue normal, de un brinco me hice para atrás y después... tengo perdidos 10 segundos de la vida. Me desmayé.

Cuando abrí los ojos, el rostro de un médico ataviado en ropas azules, escondiendo sus pupilas tras un par de anteojos negros, estaba a tres centímetros de mi.

Las piernas dobladas, mi espalda posada en la pared y todo daba vueltas... Yo aún seguía con la mano de P... entre las mías.

"¿Está usted bien, señorita?", dijo el galeno, en un intento de que olvidara que había perdido la noción del tiempo. "Acuéstese en la camilla mientras terminamos".

"¿En la camilla, doctor? No'mbre, estoy bien. Me siento aquí y ya, todo listo", respondí como siempre, en un intento de valentía. "No te apures, P..., estoy perfecta".

Posé mi pequeño trasero encima de una silla negra, justo enfrente de la cama de P..., donde ya no podía ver la sangre. Fijé la mirada en la puerta de entrada del cuarto de hospital y me concentré...

¡Pum! Volví a abrir los ojos. Ahora eran tres doctores, me tomaron de los brazos y depositaron mi nada-liviano-cuerpo en la camilla, a un lado de P...

El mundo daba vueltas y, para acabarla de amolar, sólo veía manchas difusas donde supuestamente debía haber personas... ¿Mis lentes? Tirados en el piso, sin una varilla y la mica rota por mitad. Lo confieso, lloré desconsolada.

Mi humanidad estaba acalorada, una mezcla de la temperatura ambiente con la enorme pena que me invadió al sentirme observada por los otros tres pacientes del cuarto. ¡Bonita compañía para ayudar a un recién operado!

Ya decía yo que no me gustaban los hospitales, ahora entiendo por qué.

En mi cajón de recuerdos están perdidos los varios minutos que duró mi incosciencia, pero sigue presente el momento en que me percaté de que los glóbulos rojos y las heridas de hospital no son lo mío, definitvo.

Una anéctoda que parece más una escena de película chistosa de los años 20, en pleno siglo 21, protagonizada por una reportera despistada de casi 25... : ) Junio es el mejor mes del año.

Comentarios

Miguel Pérez dijo…
Esa es mi Rebe! jejeje.

Bueno, a todos nos pasan cosas chistosas. aunque... tu te llevaste el premio! jejeje ntc. a fin de cuentas, no somos nada.
Que esten de lo mejor, saludos a toda la family
Atrox Juan dijo…
jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaaaaaa.....monita, increible, de verdad que feo neta, no te preocupes el amor a la sangre no es para todos, pero jajajaja, tratando de ayudar a un enfermo y pasa todo eso... bueno fue muy gracioso,y que bueno que no te envie mis fotos bañado en sangre de cuando choque, jajajajajajajajajajajajajajajajaja, si quieres te puedo prestar una de mis miles peliculas gore para que le vayas perdiendo el miedo jajajajajajajajaja.
por eso te quiero porque muestras una fuerza amazonica pero eres una niña, asustada niña.
Anónimo dijo…
intenso... ahora me haces pensar en el mar de reacciones que tengo... paralela seria mi reacion ante el trafico en una torrencial noche de jueves, en una avenida de 4 carriles, cuando la luz del semaforo migra por un bendito transformador... y tres ambulacias suenan a lo lejos... eso es igual de aterrador

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