Una carta

¡Hola linda! ¡Felicidades! ¡Que tengas un increíble cumpleaños! Seguro donde estás tienes hoy una enorme fiesta, deseo que la pases súper.

Me gustaría darte un abrazo, no lo niego, pero sé que es imposible. Las distancias -no sé por qué- son imposibles de recorrer, a menos que sea por un camino que no tiene regreso.

¡Ya te imagino, cochinota! Seguro has de estar glamorosa como siempre. Los labios rojos bien delineados, los ojitos de almendra sombreados con una pulcritud increíble y tu cabello, tan rebelde, arreglado con una diadema y el fleco a mitad de la frente. ¡Hermosa!

Te cuento que por acá las cosas han cambiado un montón. Desde que te fuiste esta casa parece un poco más vacía, y qué decirte de nuestros corazones, pero Dios nos ha concedido aceptarlo y acostumbrarnos.

Preciosa, te pido sólo un favor: reza por mí al Señor allá arriba, dile que necesito un empujón de ayuda... Yo desde aquí te mando un beso y una docena de rosas rosas, como las que te gustan.

Te quiero.

Tu hermana.

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