Ella
Estaba ahí parada. Las luces de la noche iluminaban la enorme avenida; imponente, ante ella, la estatua de la Ciudad, con sus fuentes que se lleva la brisa nocturna.
Ahí, con los oídos saciados por una melodía cursi, entonada por un don nadie que consiguió un buen contrato con una radiodifusora; enfundada en un entallado pantalón gris, con una blusa rosa mexicano y en el hombro un bolso floreado.
En ese momento, una hora antes de la media noche, comprendió todo. Estaba sola, ella, su música y sus problemas. Esa era su vida.
Todo el día rodeada de gente, hablando de zalamerías con personas desconocidas, tratando de ser crítica y amable a un tiempo, y sin embargo, al revisar su teléfono móvil no supo a quién llamar sólo para platicar.
"Desubicada", pensó. "Sí, así estoy".
Cambió la melosa canción por una versión pesada de rock. ¿Qué mas dá lo que escuche, o cómo le arregle el cabello el aire soplón de la noche, que le regaló esos pensamientos? ¿Qué más da si no hay con quién compartirlo?
No supo cómo contarlo. Tomó el autobús que pasaba frente a ella en ese instante y enfiló a casa; llegó a tiempo para la cena y se tumbó en la cama.
Las lágrimas estaban guardadas bajo llave, escondidas en algún rincón, pero por más que lo intentó jamás respondieron; los hombros rígidos, la cabeza de lado, y se durmió.
Despertó la mañana siguiente, sintiéndose de nuevo ella, tan sólo con su Ángel y sus problemas. Encaminó sus pasos al trayecto matutino de cada día sin decir una palabra.
Hay veces que es bueno callar.
Ahí, con los oídos saciados por una melodía cursi, entonada por un don nadie que consiguió un buen contrato con una radiodifusora; enfundada en un entallado pantalón gris, con una blusa rosa mexicano y en el hombro un bolso floreado.
En ese momento, una hora antes de la media noche, comprendió todo. Estaba sola, ella, su música y sus problemas. Esa era su vida.
Todo el día rodeada de gente, hablando de zalamerías con personas desconocidas, tratando de ser crítica y amable a un tiempo, y sin embargo, al revisar su teléfono móvil no supo a quién llamar sólo para platicar.
"Desubicada", pensó. "Sí, así estoy".
Cambió la melosa canción por una versión pesada de rock. ¿Qué mas dá lo que escuche, o cómo le arregle el cabello el aire soplón de la noche, que le regaló esos pensamientos? ¿Qué más da si no hay con quién compartirlo?
No supo cómo contarlo. Tomó el autobús que pasaba frente a ella en ese instante y enfiló a casa; llegó a tiempo para la cena y se tumbó en la cama.
Las lágrimas estaban guardadas bajo llave, escondidas en algún rincón, pero por más que lo intentó jamás respondieron; los hombros rígidos, la cabeza de lado, y se durmió.
Despertó la mañana siguiente, sintiéndose de nuevo ella, tan sólo con su Ángel y sus problemas. Encaminó sus pasos al trayecto matutino de cada día sin decir una palabra.
Hay veces que es bueno callar.
Comentarios
Puede ser una desconocida, que cruzó por enfrente de quien redacta. O puede ser una amiga, o puede ser ella, ella y sólo ella, como lo dice quien escribió primero...
Además, si no te identificas, ¿para qué responderte?