Hace un año
Queridos lectores:
Tal vez este post no les llene las expectativas que tienen al entrar al blog de Monita, pero es necesario escribirlo.
No estoy envuelta en lágrimas, aunque sí siento una penita dolosa en el corazón. Hace un añito, que se ha pasado como el viento, perdí una joya irremplazable, una boca "roja", una chochonga cabezona.
Todos la perdimos, cuando menos en esta frecuencia, en este mundo, en esta dimensión.
Escribo esto en sábado porque murió ese día, luego de que nos enojamos por quién recogería el cuarto ese fin... pensar que fue la última discusión que tuvimos.
No nos alcanzó el tiempo para hablar de los galanes, de los estilos de su cabello rebelde, de lo guapa que era. La extraño.
A veces parece que se olvida, pero luego llega un recuerdo de golpe, a veces promueve una sonrisa, en otras una lágrima, las demás sólo un suspiro dirigido al cielo, donde sé que está.
Cuando muere alguien así, tan cercano, comienzas a entender la importancia de tener algo más en qué creer.
La certeza de que algún día la veré de nuevo, igual de sonriente, molona, simpática, alta, guapa, tan ella, es el motivo que me despierta en las mañanas para trabajar, me inspira en las tardes para escribir, me arrulla en las noches al dormir.
Tal vez este post no les llene las expectativas que tienen al entrar al blog de Monita, pero es necesario escribirlo.
No estoy envuelta en lágrimas, aunque sí siento una penita dolosa en el corazón. Hace un añito, que se ha pasado como el viento, perdí una joya irremplazable, una boca "roja", una chochonga cabezona.
Todos la perdimos, cuando menos en esta frecuencia, en este mundo, en esta dimensión.
Escribo esto en sábado porque murió ese día, luego de que nos enojamos por quién recogería el cuarto ese fin... pensar que fue la última discusión que tuvimos.
No nos alcanzó el tiempo para hablar de los galanes, de los estilos de su cabello rebelde, de lo guapa que era. La extraño.
A veces parece que se olvida, pero luego llega un recuerdo de golpe, a veces promueve una sonrisa, en otras una lágrima, las demás sólo un suspiro dirigido al cielo, donde sé que está.
Cuando muere alguien así, tan cercano, comienzas a entender la importancia de tener algo más en qué creer.
La certeza de que algún día la veré de nuevo, igual de sonriente, molona, simpática, alta, guapa, tan ella, es el motivo que me despierta en las mañanas para trabajar, me inspira en las tardes para escribir, me arrulla en las noches al dormir.
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