Un taxista

Es extranjero en tierra tapatía. Su acento lo delató al momento de cerrar la puerta.

'Seguro norteño', pensé.

Platicamos... Y por primera vez no me sentí forzada. Entre comentarios sobre grafitti, mi profesión, nuestras edades, su escuela, el clima, los precios de vida en la frontera y lo maravilloso de pueblitos aledaños a la ciudad, el viaje se hizo corto.

Me sentía en carroza, aunque faltaba una palanca para subir el vidrio en la puerta y la música ambiental la entonara la 'abominable' Chica Dorada.

Estaba buscando un número en una calle desconocida y no me dejó descender hasta estar seguro de que estaba en el lugar correcto.

"Listo, güerita. Que tengas un buen día", dijo cuando salí.

Nunca había conocido a un chofer preocupado por su pasaje. Es raro, en una ciudad tan llena de desconocidos nadie presta atención, a veces hacen caso omiso de ellos.

Me sentí cuidada. Conocí a otro extraño, de los que me gusta admirar.

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