Navidad

La emoción de la Cena, que algunos esperamos todo el año, terminó a la una de la mañana.

El menú: pierna de cordero con hierbas de olor, espinacas, champiñones, bacalao con aceitunas...

Bebidas: Sidra, vino tinto y un traguito de Bailey's para terminar.

La compañía, inmejorable. Diez cabecitas sentadas en la mesa, platicando, clavándole el diente al festín que preparamos para celebrar un año más del nacimiento del Niño que vino a salvarnos.

El encanto se terminó temprano, pues el 25 tenía que trabajar, mis chochongos se durmieron temprano y la madre, los hermanos, el cuñao' y el papá tenían las persianas casi a la mitad.

Faltaron dos, ya no llegaron. Quizás para el año entrante otros más no podamos llegar. Sin embargo hay una alegría en el aire, de esas que duran más allá de los regalos o las suculentas cenas.

Creo que no hay palabras para describirlo, pero estoy contenta... Sin exagerar. No siento cascabeles por dentro, tampoco tengo euforia colectiva. Simplemente estoy llena, plena, como hacía tiempo que no me sentía.

¡Feliz Navidad, mis queridos! Que la alegría de esta época nos dure un poco más que el año pasado.

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