Un nuevo día normal

Hay un clima delicioso. No llueve pero está nublado. El viento sopla lentamente, mueve los cabellos como una tierna caricia de un enamorado. Los pies marcan la dirección: norte, sur, este u oeste. Tú sólo te dejas llevar.

Hay un nuevo color en tu rostro. Un atuendo adecuado para las salidas informales y las pláticas casuales. El ruido de los carros intenta distraerte, pero eres suficientemente lista para pasarlo por alto. Alguien te dice: "Te ves muy bien".

"Te ves muy bien", tal vez sea cierto, pero te falta algo. Algo... Alguien que nunca volverá y que extrañarás por siempre. Una compañía irremplazable, cuya inexistencia física se vuelve absurdamente pesada al despertar, se disipa al atardecer y en la noche sólo concilia el sueño ya entrada la madrugada.

Nunca pensé que perder a la más querida de mis niñas podría ser tan complicado. Cada día es una batalla, cruel y despiadada, contra los pensamientos, las culpas y los hubieras. Cada día hay que repetir lo mismo: ¡Gritad jubilosos, qué grande es en medio de Tí, el Santo de Israel!

Estoy segura que ella lo está cantando.

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