Mañana... también.
Loco día, sí. Levantarse a las 7:15 de la mañana parece todo un sacrificio, más cuando la ropa espera ansiosa una plancha caliente, el cabello no deja de rebelarse frente a cualquier cantidad de ingredientes, peines y cepillos que pongas enfrente... y cuando la almohada te grita "¡No te vayas, por favor!".
El día empieza nublado. Una lluvia esporádica impide tu salida rutinaria a las 8 de la mañana, rumbo a una parada de autobús, atascada de lodo y agua que lleva en su corriente cualquier cantidad de porquerías que encontró por el camino.
Después de la amazónica aventura para llegar a tiempo al trabajo, te dedicas a hacer lo tuyo: lees, llamas, escribes; escribes, llamas, lees... Empiezas a pensar que parece rutinario... Aburrido.
De pronto, la más superficial de las pláticas te lleva a pensar que tal vez sí, que lo llevas dentro. Que no es casualidad que hoy estés donde estás, pues Alguien ha visto el talento que llevas escondido, aunque muchos previamente lo hayan descubierto. Tal vez sí. Tal vez sólo hace falta que te lo creas, simplemente dejarlo salir.
Regresas a casa con una profunda emoción. Y por primera vez no te sientes un experimento, te sientes feliz. Lloras de alegría, aunque las lágrimas apenas puedan asomarse. Cantas. Escribes.
Tal vez, sólo hoy, sí. Mañana... también.
El día empieza nublado. Una lluvia esporádica impide tu salida rutinaria a las 8 de la mañana, rumbo a una parada de autobús, atascada de lodo y agua que lleva en su corriente cualquier cantidad de porquerías que encontró por el camino.
Después de la amazónica aventura para llegar a tiempo al trabajo, te dedicas a hacer lo tuyo: lees, llamas, escribes; escribes, llamas, lees... Empiezas a pensar que parece rutinario... Aburrido.
De pronto, la más superficial de las pláticas te lleva a pensar que tal vez sí, que lo llevas dentro. Que no es casualidad que hoy estés donde estás, pues Alguien ha visto el talento que llevas escondido, aunque muchos previamente lo hayan descubierto. Tal vez sí. Tal vez sólo hace falta que te lo creas, simplemente dejarlo salir.
Regresas a casa con una profunda emoción. Y por primera vez no te sientes un experimento, te sientes feliz. Lloras de alegría, aunque las lágrimas apenas puedan asomarse. Cantas. Escribes.
Tal vez, sólo hoy, sí. Mañana... también.
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